Carta abierta Mag. Roberto Balaguer

Carta abierta a los  padres preocupados por el juego “La Ballena Azul”

Todos les tememos a las “ballenas azules”. Ellas nos obligan a sacudir la modorra y pensar acerca de nuestra relación  con nuestros hijos. Ese es a mi juicio el tema donde centrarnos a punto de partida de este macabro juego llamado La Ballena Azul.
El mundo está repleto de ballenas azules. Ellas representan todos nuestros miedos e inseguridades en la crianza de nuestros hijos. Por eso, si tenemos miedo a que nuestros hijos jueguen esos juegos hagamos algo bien sencillo. Salgamos de duda y preguntémosle indirectamente a él o ella: ¿por qué te parece que alguien querría jugar a la Ballena Azul? En su respuesta defensiva o reivindicativa del juego, sarcástica o insegura, nos encontraremos más cerca de saber si estamos frente a un problema o no. ¿Y si nos dice que entiende a los que juegan y que también jugaría? Al menos tendremos la posibilidad de hablar con ella o él de lo que pueda estar sucediendo, de sus conflictos, sus miedos, sus inseguridades que pretende abatir venciendo los desafíos y probándose a sí mismo su valor a través del dolor que provoca el juego de la ballena. Hay dolores que paradojalmente nos hacen sentir vivos. Quizás enseguida después que nos responda, podamos decirle cuánto valoramos su persona y lo triste que nos pondríamos de saber que juega ese juego. Porque enojarse con la ballena es una reacción en parte, infantil, negadora.
El juego de la Ballena Azul busca que el chico sea valorado por atreverse a hacer. Está en nuestras manos hacer que nuestros hijos quieran atreverse a ser… ellos mismos, sufriendo, gozando, riendo, llorando, pero al mismo tiempo conscientes y seguros que estamos a su lado en este camino. A veces acertando, muchas equivocando el método o el camino. Y estar al lado no es poca cosa. Es un ataque letal para las ballenas azules que rondan hurgando en las inseguridades y vulnerabilidades de los jóvenes. Y además, al acercarnos dejamos sin lugar a ese supuesto mentor que busca transformarse en su guía en el juego. Y lo cierto es que nuestros hijos necesitan guías. Ese es nuestro verdadero lugar. Aunque parezca que no nos escuchan, ese lugar de guía y consejero, en parte, nos pertenece y cuando lo abandonamos, le damos vida a las ballenas.
¿Y si nos dice que no jugaría? Estaremos más tranquilos, pero nada nos garantiza que nos diga la verdad. Pero si no le creemos, entonces sabremos que la confianza, ese elemento esencial para generar hijos fuertes no está presente en nuestra relación y al menos tendremos la oportunidad de repensar como fortalecer la confianza en el vínculo. Ser padres es un camino sin certezas.
Nadie quiere suicidarse. Pero mucha gente busca salir de una vida que duele. El juego de La Ballena Azul ofrece a aquellos chicos y chicas vulnerables un camino de desafíos, de recuperación de la autoestima a cambio de entregarse y someterse a los designios  de otro.
Según datos de la OMS, el 4% de la población mundial, el equivalente a 200 millones de personas sufren de depresión. Cada año 800.000 personas recurren al suicidio y unos 16 millones se autolesionan. La autoeliminación es la principal causa de muerte en los jóvenes en general y  la segunda entre los 15 y 29 años. Esos son los mares en los que nadan las ballenas azules. Está en nosotros como padres darles pelea y brindarles herramientas a nuestros hijos para no quedar atrapados en sus fauces.
Mag. Roberto Balaguer
@robertobalaguer
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